Más hormigón frente a las olas de calor

Ediciones Cemento, S.L.U.
Este último verano que hemos sufrido en la península ibérica pasará a la historia como uno de los más calurosos que se recuerdan desde que se tienen registros. Las olas de calor han mantenido durante semanas altísimas temperaturas, especialmente en el centro y sur de nuestro país, haciendo especialmente difícil la vida en muchos hogares. La imposibilidad de disfrutar del aire acondicionado por diferentes motivos y una construcción deficiente en lo tocante a al aislamiento son cuestiones muy importantes a tener en cuenta que hacen aún mayor el problema.
Ante una situación como esta, el hormigón se erige como un perfecto aliado. Una de las grandes ventajas que ofrece el uso de este material de construcción universal en la edificación de viviendas es la de mantener una temperatura confortable tanto en verano como en invierno en los espacios interiores. Es por ello imprescindible que las nuevas viviendas que se construyan en España, en especial en los lugares en los que se alcanzan las mayores temperaturas en verano, sean construidas con hormigón para garantizar su habitabilidad. Una transformación del sector que debe entenderse como una necesidad cada vez más apremiante.
La industria de la construcción en España debe, y ya lo está haciendo, adaptarse a las nuevas circunstancias que estamos empezando a padecer motivadas por el cambio climático. El hormigón, el principal derivado del cemento, es un socio de primer orden para conseguir viviendas más habitables al estar mejor preparadas para soportar los cambios derivados de este fenómeno. Pero también lo es desde otro importante punto de vista. Y es que su producción (tanto la del propio hormigón como la del cemento) ha experimentado una serie de importantes transformaciones con el objetivo de hacerlas lo más sostenible posible. Gracias, por ejemplo, al uso de cementos bajos en carbono, se están consiguiendo hormigones con unas menores emisiones de efecto invernadero en su elaboración. Además, si tenemos en cuenta, de manera integral, el ciclo de vida completo de un edificio, abordando tanto las emisiones operativas (asociadas al consumo energético del edificio) como las embebidas en los propios materiales de construcción, sin duda el hormigón es el material de referencia para conseguir edificios neutros en carbono, o al menos, con una huella baja.
Si en el editorial del número veraniego del año pasado de nuestra revista hacíamos referencia al uso del hormigón para garantizar una óptima gestión del agua, en esta ocasión hemos pretendido poner de relieve su enorme valor para conseguir hogares resilientes ante el cambio climático. Dos cuestiones que a nuestro país le interesan especialmente, al estar permanente amenazado por la espada de Damocles de la sequía, y el aumento de las temperaturas, siendo uno de los países de la Unión Europea más expuestos a fenómenos meteorológicos extremos. Es por ello que se debe fomentar la implementación de las soluciones que ya están disponibles en el mercado y la investigación para la creación de nuevas. Aquí, el impulso de las Administraciones públicas es clave para poder seguir avanzando en la consecución de novedosas tecnologías de la construcción que beneficien a la sociedad.
¿Te ha gustado este artículo? ¡Compártelo!


















