Hormigón estructural térmico. Economía circular

Alfonso J. Moraño Rodríguez
Profesor Titular de Universidad. Escuela de Minas y Energía. Universidad Politécnica de Madrid. Colaborador del LOEMCO. Miembro del Grupo de Investigación Sostenibilidad en la Industria y Construcción (SIC)

El uso de un hormigón estructural térmico en construcciones (edificios y obras) convierte el hormigón en un material moderno, eficiente y sostenible, contribuyendo a la economía circular, por la activación térmica de estructuras de construcciones y en rehabilitación energética de edificios. La activación térmica de la estructura de las construcciones y acoplándolo con un sistema de almacenamiento térmico como el terreno (geotermia), es considerada como el método más eficaz y sostenible para climatización de edificios, siendo el recomendado en la política de edificios de consumo casi nulo o sistema Passivhaus. Esta activación se realiza mediante la introducción de tubos en las estructuras de hormigón, y es muy favorecida por la inercia térmica de las mismas y del terreno. El hormigón estructural térmico, gracias a su mejora en la conductividad térmica, aumenta considerablemente esta inercia. Por tanto, el hormigón estructural térmico permite el aprovechamiento térmico de las construcciones, uniendo la estructura al bloque geotérmico y obteniendo una climatización eficiente y sostenible.

El sistema lineal de la economía (extracción, fabricación, utilización y eliminación) ha alcanzado sus límites o está a punto de llegar, por tanto, es necesario encontrar alternativas. La economía circular es una filosofía de organización de sistemas inspirada en los seres vivos, que persigue el cambio de esa economía lineal obsoleta hacia un modelo circular, tal y como ocurre en la naturaleza.

La economía circular es la intersección de los aspectos ambientales y económicos, y propone un nuevo modelo de sociedad que utiliza y optimiza los almacenamientos, los flujos de materiales, energía, residuos y su objetivo es la eficiencia del uso de los recursos. Para ello, divide los componentes de los productos en dos grupos generales: nutrientes biológicos y tecnológicos. Los nutrientes biológicos son biodegradables y se pueden introducir en la naturaleza, después de que su valor de uso ya no sea rentable. Los nutrientes tecnológicos hacen referencia a los componentes técnicos que son poco aptos para los seres vivos, no son biodegradables, y por ello, deben ser reutilizados una y otra vez, y deben tener una vida media de utilización muy elevada, para así evitar que entren en la naturaleza como un residuo no circular. Estos componentes pueden ser reutilizados y desmontados una vez que dejan de ser útiles, y vuelven a formar parte de los ciclos industriales con un consumo mínimo de energía. (…)

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